Veintidós Años de Esperanza y Amor: Casa Hogar Dulce Refugio

Hace veintidós años, en el corazón de un barrio lleno de sueños y desafíos, una mujer con una visión y un corazón inmenso decidió hacer la diferencia.

Marcela Ortega, con una pasión inquebrantable y una dedicación sin límites, fundó Casa Hogar Dulce Refugio. Su propósito era claro: ofrecer un lugar de seguridad, amor y esperanza a aquellos niños que habían conocido el lado más oscuro de la vida.

Desde sus humildes comienzos, Casa Hogar Dulce Refugio se ha convertido en un faro de luz para más de dos mil quinientos niños que han cruzado sus puertas. Cada uno de estos niños, víctimas de maltrato y abandono, abuso físico, sexual e intelectual, encontró en este hogar un refugio donde sanar y reconstruir sus vidas. Aquí, no solo encontraron un techo, sino también el calor de una familia, la comprensión de amigos y la guía de mentores que han transformado su dolor en fuerza.

Marcela, con su liderazgo inspirador y su inagotable compromiso, ha tejido una red de apoyo que va más allá de los muros de la casa hogar. Su trabajo ha inspirado a voluntarios, profesionales y comunidades enteras a unirse en la misión de proteger y empoderar a los niños. Su dedicación durante estas dos décadas ha sido un testimonio de lo que puede lograrse cuando el amor y la compasión son los motores del cambio.

En este vigésimo segundo aniversario, celebramos no solo los años de existencia de Casa Hogar Dulce Refugio, sino también las vidas transformadas, los sueños renovados y las esperanzas restauradas.

Honramos a Marcela Ortega y a todos aquellos que han sido parte de este viaje, agradeciendo profundamente por cada acto de bondad, cada sonrisa compartida y cada vida salvada.

Casa Hogar Dulce Refugio es un recordatorio poderoso de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay luz. Y esa luz, alimentada por el amor y la solidaridad, seguirá brillando por muchos años más, guiando a muchos otros niños hacia un futuro lleno de posibilidades

Casa Hogar Dulce Refugio es un recordatorio poderoso de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay luz. Y esa luz, alimentada por el amor y la solidaridad, seguirá brillando por muchos años más, guiando a muchos otros niños hacia un futuro lleno de posibilidades

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Veintidós Años de Esperanza y Amor: Casa Hogar Dulce Refugio
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Veintidós Años de Esperanza y Amor: Casa Hogar Dulce Refugio
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Hace veintidós años, en el corazón de un barrio lleno de sueños y desafíos, una mujer con una visión y un corazón inmenso decidió hacer la diferencia.

Celebrando Veintidós Años de Esperanza y Amor: Casa Hogar Dulce Refugio

Marcela Ortega, con una pasión inquebrantable y una dedicación sin límites, fundó Casa Hogar Dulce Refugio. Su propósito era claro: ofrecer un lugar de seguridad, amor y esperanza a aquellos niños que habían conocido el lado más oscuro de la vida.

Desde sus humildes comienzos, Casa Hogar Dulce Refugio se ha convertido en un faro de luz para más de dos mil quinientos niños que han cruzado sus puertas. Cada uno de estos niños, víctimas de maltrato y abandono, abuso físico, sexual e intelectual, encontró en este hogar un refugio donde sanar y reconstruir sus vidas. Aquí, no solo encontraron un techo, sino también el calor de una familia, la comprensión de amigos y la guía de mentores que han transformado su dolor en fuerza.

Marcela, con su liderazgo inspirador y su inagotable compromiso, ha tejido una red de apoyo que va más allá de los muros de la casa hogar. Su trabajo ha inspirado a voluntarios, profesionales y comunidades enteras a unirse en la misión de proteger y empoderar a los niños. Su dedicación durante estas dos décadas ha sido un testimonio de lo que puede lograrse cuando el amor y la compasión son los motores del cambio.

En este vigésimo segundo aniversario, celebramos no solo los años de existencia de Casa Hogar Dulce Refugio, sino también las vidas transformadas, los sueños renovados y las esperanzas restauradas.

Honramos a Marcela Ortega y a todos aquellos que han sido parte de este viaje, agradeciendo profundamente por cada acto de bondad, cada sonrisa compartida y cada vida salvada.

Casa Hogar Dulce Refugio es un recordatorio poderoso de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay luz. Y esa luz, alimentada por el amor y la solidaridad, seguirá brillando por muchos años más, guiando a muchos otros niños hacia un futuro lleno de posibilidades